miércoles, 3 de septiembre de 2014

ego sum.

A veces no sé qué hacer con mis brazos.
Insulto a las ciudades y a sus trastornos de personalidad,
y callo para escuchar las dentelladas salvajes
que da la vida.
Qué voy a hacer si las cosas me desbordan
y el agua me salpica y me electrocuta.
Nada sé de lo que quiero,
ni de lo que odio,
ni de lo que me destroza.
Me confieso inarmónica, inadaptada.
Subo escaleras por pura inercia,
atravieso salidas de emergencia
y me pierdo entre fuegos que ni sienten
ni respiran.
Lo soy todo para mí,
porque solo me poseo a mí misma;
todo lo demás es un oasis donde limpio mis heridas
o me las infrinjo.
 Contemplo la muerte como enfermedad de la carne,
un cuadro de mal gusto colgado en la pared, 
un animal que grita.  
Mi problema principal es la vida,
porque es incómoda y huele a cosas muertas;
pero a veces nos reconciliamos y juego con ella al solitario.
Lluevo.
Me gusta la sobriedad de la línea recta,
la sinceridad en el gesto,
los apocalipsis de los días.

Lo que quiero decir es que tengo raíces en los pulmones,
que los despertadores me hacen vomitar
y que solo puedo respirar cuando las mareas suben,
y me llenan de espuma,
y me matan
con sus golpes.


Las máscaras, de Giorgio de Chirico.

Higgs Bosom Blues- Nick Cave & The Bad Seeds

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